Publicado el 19 Junio, 2020 por Marieta Cabrera

A 30 años de creado por investigadores cubanos, este fármaco tiene ganado un espacio en el protocolo cubano contra la COVID-19

Valiosos medicamentos de la industria médico-farmacéutica y biotecnológica cubana forman parte del arsenal terapéutico de la Isla para el tratamiento de los pacientes con COVID-19. El más conocido y divulgado desde el inicio de la pandemia es sin duda el Interferón alfa 2b, cuyo uso para estos casos se ha extendido a varios países del orbe.

Pero hay otros fármacos propios, con una historia cimentada también durante años, que se incluyen en el protocolo de actuación nacional para la COVID-19. Es el caso del Surfacén (surfactante pulmonar de origen porcino, para el tratamiento del Síndrome de Dificultad Respiratoria Aguda), que se emplea en pacientes adultos graves y críticos con distrés respiratorio, complicación de la enfermedad ocasionada por el virus SARS-CoV-2.

Desarrollado por el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (CENSA), el Surfacén se aplica desde principios de los años noventa del siglo pasado en niños prematuros que presentan la enfermedad de membrana hialina, con el objetivo de lograr su maduración pulmonar, lo cual ha contribuido a disminuir de forma sostenida la tasa de mortalidad infantil por esa causa en Cuba.

Ensayos clínicos posteriores realizados con este producto en pacientes mayores de 18 años –como el efectuado en el año 2010 en adultos afectados de insuficiencia respiratoria-, confirmaron de igual forma su eficacia y seguridad para el tratamiento del Síndrome de Dificultad Respiratoria Aguda en estas edades, por lo que en la actualidad se emplea en todos los grupos etarios.

El Hospital Militar Central Dr Luis Díaz Soto -ubicado en el este de La Habana y conocido como el Naval-, fue una de las primeras instituciones que empleó el Surfacén cuando empezaron los ensayos clínicos con el producto para el distrés respiratorio en el adulto, afirmó a BOHEMIA la doctora Deily Chacón Montano, especialista en Cardiología y Medicina Intensiva, y Jefa del Centro de Urgencias y Atención al Grave de ese centro asistencial.

Por eso, cuando el personal del hospital se preparaba para atender a los enfermos de COVID-19 que llegarían a esa institución (una de las primeras en el país que recibió casos positivos), apelaron “a la cultura que en el tratamiento del distrés respiratorio tenían los intensivistas del centro”, asegura la doctora Chacón.

Aun cuando a principios de marzo último se conocía muy poco sobre la COVID-19, refiere la especialista, le decíamos a los médicos de nuestro hospital que, según reportaban expertos de otros países, en quienes tenían esta enfermedad ocurría un distrés respiratorio o algo parecido. Por tanto, había que ganar en los tiempos para evitar que agravaran y fallecieran, e insistíamos en que era una medicina de observación porque se trataba de una enfermedad nueva”.

En estos meses de enfrentamiento a la pandemia, el seguimiento de la evolución de cada paciente ingresado en los hospitales cubanos, así como la experiencia de especialistas de otras naciones, han aportado cada día nuevas evidencias que enriquecen el protocolo de actuación nacional para la COVID-19.

Y en estas guías cubanas, entre varios medicamentos indicados para las diferentes etapas de tratamiento, aparece el Surfacén. A 30 años de que fuera concebido por investigadores cubanos, este surfactante natural es también una herramienta valiosa en manos de los intensivistas para salvar vidas.

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fuente: http://bohemia.cu/ciencia/2020/06/compas-de-espera/?unapproved=116869&moderation-hash=9166390305b4fa8cba073a1e095db27a#comment-116869

El Surfacen sigue salvando vidas
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